Nada nuevo bajo el sol

Provengo de un entorno social muy pobre, mis padres conocieron «literalmente» el hambre, el tiempo en el que transcurrió su infancia fué la tremenda posguerra que vivió España tras la guerra civil. La cultura del trabajo, del esfuerzo, del sacrificio, han sido las notas dominantes en sus vidas, y gracias a ellos su estándar de vida ha ido creciendo, hasta disfrutar  hoy de una propiedad y una pensión que les permite mantener una cierta seguridad y tranquilidad en la última etapa de sus vidas.

Esos valores son los que nos han transmitidos a sus hijos, de alguna forma cuando yo «vine al mundo» el estándar de vida de mis padres, ya había crecido respecto al que ellos habían mantenido de niños; aún así el entorno comparado con el que hoy puede mantener cualquier niño como media es incomparable; y lo que continué recibiendo en teoría y en la práctica es que «todo lo habían conseguido a base de esfuerzo, trabajo, sacrificio»

LLegué al colegio, y esos valores continuaban operando, aunque a esos valores se le «añadía» la explicación del «porqué eramos pobres». Estas personas que nos educaban eran funcionarias y funcionarios, que por entonces estaban acomodándose en sus puestos de trabajo y comenzaban a recibir la lista de prevendas que han ido acumulando por parte del poder a lo largo de todos estos años.

Así la manipulación fué constante: «nosotros éramos pobres» porque resulta que había una serie de señoras y señores llamados «empresarias y empresarios» que nos oprimían y se negaban a darnos lo «que por derecho nos correspondia», y que lo que había que defender era la existencia de unos «servicios públicos, y al frente de ellos funcionarias y funcionarios que los defendiesen»; y éste fué el dogma constante, y con el que hemos desembocado hoy donde estamos, y que parece muy poco cuestionado.

Es decir, la sacralización de lo «social», de ese estado «idílico» donde «todo el mundo mantiene una serie de derechos sin límite alguno, y donde cada día parece que identificamos uno al que añadir a la lista»; pero eso sí, la cultura del «emprendimiento», «de asumir obligaciones», de eso, no se tiene noticia.

Ahora comparemos el modelo existente: «educación pública gestionado por funcionarias y funcionarios con sus particulares modelos del mundo», con el que puede representar el siguiente ejemplo: aquí en Valencia se ha creado una universidad privada orientada a estudios de «administración y dirección de empresas», en la que si alguna persona no tiene recursos para asumir el coste, ellos facilitan la financiación, y el alumno devolverá esta financiación, una vez que ponga en marcha el proyecto empresarial al que van estar ligados sus estudios. Reflexionemos acerca de los valores que se está difundiendo de una forma y de la otra.

Soy muy consciente que las cosas no operan de una forma inequívoca, y que cualquier modelo tiene sus límites, sus debilidades y fortalezas; aunque lo que no encuentro es la autocritica al modelo que actualmente existe, y es muy conocido aquello de «que el camino al infierno, está sembrado de muy buenas intenciones»

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