Más alla de la razón

Las emociones son las respuestas que aprendemos a dar en situaciones concretas. Cuando somos niños no hemos desarrollado unas habilidades de razonamiento, de racionalización de lo que hacemos, no hay pensamiento y la forma que tenemos de responder a los estímulos venidos de fuera, es a través de las emociones.

Así, a partir de unas cuantas emociones básicas, como pueden ser las de «comodidad» o «incomodidad», empezamos a desarrollar una gama mucho más amplia y compleja. De hecho, cada persona esas emociones las generamos de una forma específica y única, aunque para simplificarlas las referimos a través de etiquetas del lenguaje: miedo, dolor, tristeza, alegría, inquietud…, ahora bien, la forma que yo «desarrollo la inquietud», seguramente difiere de la forma de otras personas.

Aprendemos a asociar unas determinadas conductas a unas emociones en concreto, puede ser que el  comer chocolate al placer, una fiesta a la diversión, el dormir al placer, la muerte a la tristeza; y pueden convivir con otras, incluso antagónicas en la misma conducta. Por ejemplo: puedo experimentar una emoción de placer y bienestar en unas vacaciones, y coexistir a  la vez el miedo la nostalgia al pensar que ese periodo está llegando a su fin.

Está muy extendido socialmente que existen: emociones positivas (placer) y emociones negativas (miedo), olvidándose del contexto en el que se asocian y los beneficios o pérdidas que nos pueden reportar. El miedo, puede ser el aviso de que hay algo en mi vida a lo que debo de atender y solucionar, por lo tanto no es una emoción negativa en sí. Unas emociones de bienestar, placer, es lo que busca quien se droga, y eso no es positivo en si. Hay que atender a la conducta con la que está asociada y la función que cumple.

Estos días se están difundiendo las imágenes de las conductas llevadas a cabo por unos Yihadistas, y nos preguntamos ¿cómo estas personas pueden desempeñarse en estos actos?, y claro, que influye y condiciona el entorno cultural y las ideas inculcadas a través de la interpretación del Islam. Aprendemos a experimentar y significar el mundo a través de las ideas que aceptamos de él.

Quiero llevar la atención a las imágnes de unos niños entrenados en el juego de apuñalar, decapitar, a muñecos, acompañados de unas determinadas ropas y otros elementos del contexto. Aquí el niño aprende a asociar una determinada conducta, como es la de decapitar, con una emoción, aparentemente positiva de bienestar, cuando lo razonable y lo útil sería que aprendiera a asociar esa misma conducta a una emoción aparentemente negativa, sintiéndose mal por ello.

Estos niños educados y desarrolladas en este contexto, dentro diez años se desempeñarán con mucha habilidad por el mundo, generarán una dependencia de esas emociones y no será suficiente que intelectualmente les expliques que eso es inaceptable, porque su comprensión profunda de cómo es el mundo y las emociones asociadas que ha aprendido a consolidar es mucho más fuerte.

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