La Realidad Inventada

En el libro «El sinsentido del sentido» comenta Paul Watzlawich un caso en el Hospital General de la ciudad italiana de Grosseto, en el que una mujer con esquizofrenia aguda debía ser trasladada a Nápoles para recibir allí tratamiento psiquiátrico.

Cuando los conductores de la ambulancia llegaron al hospital toscano recibieron la orden de dirigirse a una habitación en que la mujer, ya preparada, con el bolso listo, estaba sentada en la cama.

Pero, en el momento en que le pidieron que los acompañara, la paciente sufrió, al parecer, un nuevo ataque de esquizofrenia, pues ofreció resistencia, sufrió pérdida de la personalidad y, finalmente, debió ser tranquilizada con una inyección.

Cuando la ambulancia estaba ya de camino, se comprobó que se trataba de una confusión. La dama que iba en la ambulancia era una señora de Grosseto que habia ido a visitar a un conocido.

Aquí no traigo a colación esta anécdota para decir que se cometió un error lamentable; sino para ilustrar el hecho de que un error creó una realidad en cuyo marco todo comportamiento de la afectada era una ulterior prueba de su «trastorno mental», pues, cuando la señora afirmó ser alguien distinto, eso fue considerado como «típica despersonalización».

A partir de un marco mental que nosotros generamos de qué cosas encajan y qué cosas no con las expectativas que mantenemos, determinamos si aquello a lo que estamos asistiendo se corrresponde o no con lo «normal», amén, de las conexiones que establecemos en base al lenguaje que utilizamos; dando por hecho que el denominar algo como «típica despersonalización» estamos describiendo algún proceso.

Es conveniente y muy útil seguirle la pista a las «realidades» que nosotros creamos, y el cómo enjuiciamos lo que en ellas se establecen. Como observadores podemos notar que afectamos lo observado.

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