Perfiles

Dos investigadores: Nicholas Epley (Universidad de Chicago) y Erin Witchurch (Universidad de Virginia) fotografiaron a los participantes para un estudio. Las fotografías de éstos fueron modificadas con rasgos que conferían rasgos repelentes o atractivos, y con posterioridad se les mostraron para que eligieran «la real»; ¿sabeis cual fué el sesgo predominante de elección?, efectivamente, la que presentaba los rasgos que hacian a esas personas «mas atractivas», aunque no eran reales.

Esto lo podemos identificar en nuestra vida cotidiana en el momento que elegimos una fotografía para un perfil, para un curriculum, para la presentación en una web…Como animales sociales hemos evolucionado para que consideremos que el «estatus social» es importante, destacar de entre los otros, así nos sentimos bien preséntadonos como personas «inteligentes, fuertes y seguras», quizás más de lo que nuestra realidad después confirma con los hechos. También coexisten las personas que tienden a configurar su estatus como personas «inseguras, débiles» y así también reclaman la atención de aquellos que están dispuestos a redimirlos.

Mantenemos unos sesgos para confirmar en el mundo aquello que queremos ver en él. Así hay un sesgo en la búsqueda de información no que no contradiga lo que yo previamente he puesto que debo de encontrar, interpretamos y significamos las cosas en función de hacerlas encajar con nuestra identidad, valores, juicios así como tendemos a recordar determinadas cosas, de una determinada forma y prescindir de otros elementos que también estaban en la experiencia.

Resulta muy llamativo en los casos de separación, ruptura, distanciamiento de una pareja -y esto se puede extender a muchos otros contextos-, como cada uno está ofreciendo una visión de sí mismo y de los «hechos» que para ellos están funcionando objetivamente. En España en tiempos recientes se han generado Ministerios y Leyes que incluso protegen y amparan estos sesgos, los han institucionalizado.

Todos estos sesgos de información, interpretación y memoria, tieden a darnos una sensación de seguridad, aunque a la vez cuando nos sentimos seguros, también cerramos el conocimiento de las cosas, no hay desarrollo en ellas y es muy fácil deslizarse a cosas que etiquetamos como demagogia, sectarismo, manipulación…Se puede aprender a permanecer cómodamente manejándonos en el mundo con un sentido «provisional» de nuestro conocimiento, porque somos conscientes de nuestros sesgos; a partir de ahí nos podemos abrir a explorar que más hay en esas experiencias que yo a priori estoy rechazando.

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