Manipulación

Estamos habituados a vivirnos a través de nuestras ideas y del conocimiento que vamos forjando a través de nuestra mente consciente e inconsciente; y dentro de esta forma habitual (que no necesariamente natural), es la de vivirnos como «manipulados», lo que genera en muchas ocasiones unas emociones asociadas de confort, ya que desplaza la responsabiidad al exterior, y es un alimento para que a través de nuestra mente busquemos una y otra explicación, así mantenemos a nuestra mente consciente elaborando todo tipo de teorías, justificaciones y consolidamos en nuestro inconsciente el papel de víctimas.

La manipulación no existe, sencillamente, porque nadie va a aceptar aquello que a priori rechaza; o que contradice su modelo del mundo. Buscamos aquello que lo confirma y buscamos en el exterior aquello con lo que emocionalmente nos sentimos cómodos, aceptados, compendidos y facilita nuestros juicios a priori. Aunque claro, esto supone que hemos de revisar la forma en la que individualmente estamos funcionando, ya que somos nosotros lo que lo hacemos con nosotros mismos al forjar una serie de ideas y quedar luego atrapadas dentro de ellas.

Cuando yo puedo «distanciarme» de aquello que percibo y «ver» intuitivamente de qué forma parte, aprendo a conectar con mi verdadera identidad, aquella que no funciona a través de ideas acerca de tal o cual cosa, y que es inmutable a lo largo de mi existencia, y así reconocer e identificar cuando algo o alguien busca «un aliado», dejando la responsabilidad útlima en mi decisión.

A su vez nosotros «manipulamos» nuestro entorno y a las personas que forman parte para que se acomoden a lo que «yo decido y quiero»; aunque la cuestión no sólo reside en nosotros, sino que es una relación con el otro que lo acepta y asume. En nuestro entorno de amistades, familiar, social…buscamos nuestros aliados, los que asuman nuestras tesis y formas de «ver el mundo», y éstos último sa su vez «están encantados» de entrar en ese juego, porque también obtienen un beneficio de ellos. Por lo tanto no hay víctimas, ni verdugos, todos formamos parte de esa relación bidireccional.

Como he comentado antes, que sea algo habitual no significa que por ello justifique su continuo funcionamiento. De hecho, es la fuente de mucho del malestar personal y social que existe. Aprender a manifestarnos tal cuales somos, a ser más «nosotros mismos», independientes del entorno y de los demás, es un desafío al que estamos llamados si queremos vivirnos en nuestra totalidad.

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