Encantadores de Serpientes

Valga esta reflexión para incidir en un aspecto de autocrítica de lo que nos dedicamos a explorar , saber y hacer de la experiencia individual, a los que se nos ponen innumerables etiquetas: facilitador, orientador , terapeutas… y a los que genéricamente se da por entendido que nos dedicamos a la misma cosa, pero el nombre en ocasiones no suele coincidir con la cosa.

En mi experiencia personal a lo largo de unos años he ido poniendo mi interés en profundizar en el conocimiento de la conducta humana, y todo lo que en ella puede estar implicado: condicionamientos, cultura, creencias, valores, experiencia vital, educación…Con el tiempo algo he llegado a reconocer, a detectar, algunas de ellas a interpretar y otras a describir. Son muchos años en constante movimiento y renovación, en constante trabajo y aprendizaje, para poder situarme donde hoy estoy.

Hay caminos muchísimos más cortos en el tiempo , y como cortos, lo son también en distinciones, conocimiento, implicación… ahora bien, son muy económicos, con ellos lo explicamos todo, y lo que es muy sencillo, conecta especialmente bien con la necesidad perversa de la mayoría, donde generalizando, existe la tendencia a la explicación fácil, al milagro y al remedio rápido y mágico.

Aquí entran en escena los que rápidamente se gradúan en esta cortita carrera –a la que voluntarios no faltarán-, para vender sus propios dogmatismos y la ignorancia de sus propias limitaciones: los encantadores de serpientes, con un público fiel y ávido de sus mensajes.

Los encantadores de serpientes conectan muy bien su propia vanidad con la ceguera de su clientela, los envuelven, tienen facilidad de palabras muy abstractas, hablan de lo que han leído, viven lo que les han contado, mezclan lo espiritual, lo físico, lo mental, lo causal, lo trascendental … porque ya se sabe que su teoría lo cubre todo y si no es así peor para el cliente.

Puede llegar el día en que otra realidad paralela a la de ellos les ponga enfrente otro contenido distinto, que ponga en cuestión su modelo , que de alguna manera desafíe el dogma de sus trivialidades, y en aras y para hacer honra con su propia limitación, responderán utilizando las mismas herramientas que según ellos explican todo; y serán los otros quienes no ven lo que ellos supuestamente ven, y no llegan alcanzar el grado de su sabiduría.

Vamos a escuchar lo que queremos oír, y el comunicador pronunciará lo que conecte con su club de fan. La investigación, la exploración, la rigurosidad, la profesionalidad…no importa, ellos son los administradores de los caminos cortos, que son muy eficaces y tremendamente rentables, sobre todo para ellos mismos, porque a la persona a quien va dirigido no les importa; por mucho que el encantador de serpiente pretenda hacernos creer que está tocando la flauta en bien de la serpiente, lo está haciendo para ofrecer espectáculo y deleitarse personalmente en él; genuino egoísmo.

Los encantadores de serpientes hacen daño, y mucho; a ellos mismos abonando su propio dogma, ahogándose en su propia vanidad, a las personas que se cruzan en su camino y se paran a escuchar su música, y en consecuencia a todos los que estamos comprometidos con un mínimo de rigor y honestidad en nuestro trabajo

Los seres humanos somos complejos, creativos, … somos demasiado versátiles y únicos para caber todos en unas cuantas teorías. Trabajar apartando dogmatismos, con un compromiso por la constante exploración, es algo tremendamente desafiante, que requiere de coraje y de inteligencia para desarrollar. No existen las explicaciones semi mágicas que resuman toda la experiencia humana y su diversidad, es una contradicción.

Precaución con los encantadores de serpientes, son buenos haciendo lo que hacen, tampoco requiere de mucho mérito, nada interferirá en su forma de entender la experiencia, les es muy rentable, encuentran seguridad, reconocimiento…demasiado dulce para ni tan siquiera plantear alguna duda; eso ya es mucho, es pedir que tan solo un rayo de la luz que estos encantadores de serpientes dicen llevar, se dejara asomar por las grietas de la cueva oscura en la que habitan.

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