Dos construcciones

Mantenemos nuestra forma personal de construir la realidad, es lo que llamo nuestro modelo del mundo: forma de pensar, sentir, hablar, movernos…incluso claro está, la manera en que construimos los problemas; y en muchas ocasiones la cuestión no es la cosa con la que me estoy relacionando, sino la forma de yo hacerla un problema.

La forma en que construyo un problema se complica, cuando en la respuesta al mismo, genero otro adicional. Por ejemplo, si creo que el mundo no está respondiendo como «deberia» responder y me enfado porque los niños no han hecho sus camas de dormir por la mañana, una respuesta bastante generalizada es generar «rabia»; con lo que en la respuesta, en la primera «solución» he elaborado uno más. Ahora tengo dos: el no hacer las camas de los niños y la rabia.

La construcción del problema implica desde la forma en la que entro en él -que no es neutral-, la gestión del mismo en la propia situación y la respuesta que casi de inmediato intento dar. Nos apresuramos en dar una respuesta al problema, partiendo de formulaciones muchas ocasiones simplistas; y ponemos poca atención al proceso, a la gestación y planteamiento de la cosa. En muchas ocasiones la mera transformación del planteamiento, y análisis más detallado, sin la presión por encontrar una solución cambia completamente el planteamiento. Es lo que podemos llamar «quedarnos con el supuesto problema».

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