Direccionalidad

Unos padres muy alarmados y asombrados me comentaron la forma en la que uno de sus hijos había intentado resolver un conflicto con otro de sus hermanos, y que había desembocado en una situación particularmente tensa. Estos mismos padres, hasta ahora en cada ocasión de nuestras conversaciones, se sentían muy satisfechos por las conductas «intachables de sus hijos en comparación con los adolescentes de su edad»

Parte de la cuestión, es que estos padres habían identificado en otros adolescentes conductas que a priori sus hijos no ponian en práctica, y eso era enjuiciado por ellos como pruebas del éxito de la educación que estaban impartiendo y por derivada, de su éxito como padres…hasta ahora, en que las cosas se han ido al otro lado.

Que uno de mis hijos de un día para otro me diga que a lo que se quiere dedicar profesionalmente es «al tráfico de drogas», me puede resultar sorpresivo; aunque ¿cómo es que las cosas se han ido direccionando en este desenlace?, ¿donde he estado llevando la atención en la educación de mis hijos?, ¿cómo la he estado midiendo? Por otro lado, que yo eduque de una forma muy exitosa a uno de mis hijos a la hora de seguir las pautas de comportamiento social al sentarnos a comer, no significa que también lo esté haciendo de esa forma en otras areas de la vida de mi hijo como un todo…Habré de equilibrar las cosas

Tendemos a encontrar muy cómodo el compararnos con otros, sobre todo si de esa comparación también cosechamos el «beneficio» de la autoindulgencia; porque desde ese momento lo que dejamos de hacer es identificar y evaluar lo que sí estamos haciendo y eso que hacemos en qué dirección se mueve, hacia donde conducen las cosas.

Hay familias que van gestionando los desafíos de una forma preventiva, atendiendo a los asuntos que hay en el momento y aquellos que en un futuro puedan derivarse; y otras que están constantemente enredadas en reaccionar a la última crisis, por no haber anticipado la ocupación en los asuntos que en su momento hubiese útil de identificar.

En la conversación con estos padres -fuera del contexto profesional- las medidas a tomar, que en su consideración eran útiles, porque les hacía sentir mejor; aunque el resultado efectivo, real de ellas era más que cuestionable y sobre todo en las consecuencias que a largo plazo podrían desembocar.

Y es lo que suele ocurrir cuando a la hora de evaluar una determinada cuestión sólo utilizamos el «sentir bien o mal», haciéndolo en términos absolutos; es decir, es adecuado «el sentirme bien», es inadecuado «el sentirme mal». Un drogadicto se «siente muy bien», aunque la forma en la que está haciendo ese sentir, podremos consensuar que para él en su presente y futuro es muy poco útil.

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