2013

En breve y sin que ni tan siquiera el «fin del mundo» -que ya es decir- lo haya podido evitar, entraremos en un nuevo periodo de tiempo, al que accedemos con las clásicas ceremonias que varian de cultura en cultura, y que congregarán fans, rebeldes o indiferentes para unirse en el rito preceptivo.

Uno de los ejercicios más comunes que todos vamos a poder notar será la formulación de los «deseos para el próximo año», la mayoría de ellos muy bien intencionados, aunque con mas base en lo que «quisiéramos que sucediese», y con muy poca de evidencia real. También tiraremos de los clásicos en los objetivos: aprender ingles, adelgazar, hacer ejercicio…este año lo del cambio de trabajo, intuyo que no estará de moda, ya que a priori fácil no está la cosa. Habrá de todo en cuanto a la superstición del 13, desde los que se pasarán todo el año «con una pata de conejo en el bolsillo», a los que incluso nos puede parecer un número simpático. Todo esto poniendo a funcionar patrones de pensamiento que se sostentan en modelos mágicos del mundo, y el resultado, es que dentro de 365 dias aproximadamente, podré volver a escribir lo mismo.

Y es aquello de «si quieres conseguir cosas diferentes, haz cosas distintas a las que ya haces», porque en lo que no ponemos atención es en verificar si la hipótesis predictiva que he realizado al comenzar un año, se ha cumplido o no, o en qué grado se ha cumplido, o si no ha sido el caso ¿qué y cómo ocurrió?, sencillamente para no tener que estar de nuevo en el mismo punto de partida, año tras año.

Por lo tanto, este cambio de año -como cualquier otro rito que decidamos tomar como excusa- puede ser muy útil como comienzo para introducir variaciones en aquellas cosas que queramos modificar en nuestras vidas, que les aporten significatividad, sean desarrollativas, nos permitan crecer, desafiarnos, afianzarnos como personas. Alejarnos de todas las cosas «que no podemos hacer» y acercarnos a las «que sí podemos hacer». Y para esto necesitamos intencionadamente guardar un espacio para pensar en ello, y no necesariamente tiene porqué ser un tiempo estipulado y normalizado; hablo de abrir mentalmente ese espacio, y pensar acerca de ello. Asumir que nuestros límites no los conocemos, hasta que no los desafiamos.

Soy muy consciente que el contexto social, económico en el que actualmente estamos una mayoría de población, desde luego no invita a este tipo de cosas; aunque precisamente son cuando más las necesitamos, cuando más pertinente resulta su puesta en práctica. Voceros de la queja constante, del inmovilismo, de aferrarse a lo conocido, delegar responsabilidades, búsqueda de chivos expiatorios…de todo esto ya hay mucho, os propongo que alimentemos con hechos concretos asumir -allá donde nosotros podemos actuar- el control sobre nuestras vidas e influenciar las cosas lo suficiente para que se favorezcan otros cambios de un todo más grande.

Feliz Año 2013, a todos los hombres que se propongan hacer de sus vidas un espacio más significativo.

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